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La
fosa común de Oviedo,
una de las más grandes de España, es un símbolo permanente de la
tragedia. Nuestros familiares,
camaradas o compañeros, que fueron asesinados y
sepultados en élla, nos hacen recordar: no
olvidamos a quienes más cerca estaban de nosotros, y que nos fueron
arrebatados injustamente, por fuerzas irracionales, por
haber compartido la
defensa de unos ideales de paz y democracia.
La respuesta fue la
muerte más vil.
En mi caso la fosa encierra la memoria de mi abuelo,
Herminio Fernández Onís, de quien tengo el orgullo de ser descendiente
y de llevar su nombre. Natural de Nava, vecino de Sama de Langreo,
hombre bueno y noble que dejó en su asesinato viuda y dos hijas de
corta edad. Lo mataron como a todos los demás, siendo inocente.
Murió con la cabeza alta, y deseando para España una libertad que tardaría
demasiado en llegar.
Ante todo queremos con
nuestros esfuerzos restaurar el honor de quienes
dieron su vida por la Libertad y la
República. Y pensamos que no hace falta sacar los
cuerpos de las Fosas Comunes y enterrarlos en otra tumba, para
homenajearlos y reconocer su obra. Esta página quiere ser un
tributo a todos los que
sufrieron y sufren por el odio más visceral: prueba de que el hombre es el animal más cruel, más
despiadado y más asesino de la naturaleza.
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